Es una nueva bitácora que he conocido gracias a mi ciberamiga Hilda. Está aquí. Y de entrada me ha recordado algo que me ronda la cabeza hace tiempo. Y no es a lo que se llaman barreras arquitectónicas ni cursos de integración. Intentaré explicarme.
En la España de hoy pagamos impuestos no para que la clase política pueda garantizar la seguridad ciudadana (que es lo único que indiscultiblemente justificaría su existencia), sino para que financie propagandas igualitaristas (que no igualitarias). Que si las tareas caseras deben compartirse al 100%, que si ambos deben ser asalariados... Me estoy acordando ahora en concreto de esos anuncios en que se nos dice que el marido también debe planchar, cocinar, sacar a los críos de paseo, ir de compra, etc. Aunque sea dicho de paso, me pregunto quién les dio vela en el entierro y de dónde nace ese deseo de controlar y dirigir las vidas ajenas (las del contribuyente).
¿He dicho que los maridos deban sentarse en el sillón todo el día a esperar a que su mujer le traiga las pantuflas? Evidentemente no. Y añadiré que tengo cerca el caso de una pareja en que él lo hace prácticamente todo y no parece una pareja más feliz o infeliz que otras tantas. La perfección sigue, a fin de cuentas, siendo un ideal inalcanzable... ¿o me perdí algo? Bueno, en definitiva: ¿debemos dictar a los demás cómo deben ser los aspectos prácticos de su relación de pareja?
Pero hay otro aspecto que me parece mucho maś interesante. Y es que creo que estas políticas atacan a la propia convivencia, son sus enemigas, porque buscan desterrar algo básico que las hace posible. A ver. Intentaré explicarme.
Una pareja llega cansadísima a casa después de un largo viaje y encima con hambre. Como no cobran sueldo de político o amigo de político ni reciben sus dietas deben comer casero. Ambos están cansados por igual. Ambos por igual, repito... ¿quién deberá lanzarse al fogón? Repito: ambos están cansados por igual. O al menos lo afirman. Y semejante asunto no es medible con precisión, o al menos ellos carecen de los recursos necesarios para llevar a cabo el análisis pertinente y el precario estado aún no puso semejantes mecanismos a su disposición. Las matemáticas están muy bien, pero... En este caso no nos ayudan, la verdad...
¿Se acuerdan del asno de Buridán? Al final ¿deberán morir de hambre en pro del igualitarismo y equidad de género? ¿Serán estos los nuevos héroes de la Carta de la Tierra? ¿Es esta la gran tarea revolucionaria prometida para el siglo XXI? Pero entonces... ¿a quién extraña ahora que cada día se divorcie más gente? A fin de cuentas el instinto de supervivencia aún sigue vivo... ¿O será que la ideología igualitarista es para as...?
Vuelvo al asunto inicial, que podría parecer que me fui por los cerros de Úbeda. Hay capacidades que si no me equivoco pueden llegar a desarrollarse más o menos. Así, la capacidad de donarse, de entregarse al otro. Eso implica hacer uno en ocasiones un esfuerzo mayor que el otro. Vamos, que imaginándonos la situación anterior, cualquiera de los dos, teniendo la capacidad referida y que atenta gravemente contra la ideología igualitarista, solucionaría el asunto en un periquete. Y esto me parece que tiene mucho que ver con discapacidades, aunque estas voluntarias. Entiendo que las referidas en la bitácora son involuntarias, sin embargo es en esto en lo que me ha hecho pensar la primera frase que he leído en esa bitácora que promete: "Hay muchas formas de ser discapacitado. La única peligrosa es la de no tener corazón".
En la España de hoy pagamos impuestos no para que la clase política pueda garantizar la seguridad ciudadana (que es lo único que indiscultiblemente justificaría su existencia), sino para que financie propagandas igualitaristas (que no igualitarias). Que si las tareas caseras deben compartirse al 100%, que si ambos deben ser asalariados... Me estoy acordando ahora en concreto de esos anuncios en que se nos dice que el marido también debe planchar, cocinar, sacar a los críos de paseo, ir de compra, etc. Aunque sea dicho de paso, me pregunto quién les dio vela en el entierro y de dónde nace ese deseo de controlar y dirigir las vidas ajenas (las del contribuyente).
¿He dicho que los maridos deban sentarse en el sillón todo el día a esperar a que su mujer le traiga las pantuflas? Evidentemente no. Y añadiré que tengo cerca el caso de una pareja en que él lo hace prácticamente todo y no parece una pareja más feliz o infeliz que otras tantas. La perfección sigue, a fin de cuentas, siendo un ideal inalcanzable... ¿o me perdí algo? Bueno, en definitiva: ¿debemos dictar a los demás cómo deben ser los aspectos prácticos de su relación de pareja?
Pero hay otro aspecto que me parece mucho maś interesante. Y es que creo que estas políticas atacan a la propia convivencia, son sus enemigas, porque buscan desterrar algo básico que las hace posible. A ver. Intentaré explicarme.
Una pareja llega cansadísima a casa después de un largo viaje y encima con hambre. Como no cobran sueldo de político o amigo de político ni reciben sus dietas deben comer casero. Ambos están cansados por igual. Ambos por igual, repito... ¿quién deberá lanzarse al fogón? Repito: ambos están cansados por igual. O al menos lo afirman. Y semejante asunto no es medible con precisión, o al menos ellos carecen de los recursos necesarios para llevar a cabo el análisis pertinente y el precario estado aún no puso semejantes mecanismos a su disposición. Las matemáticas están muy bien, pero... En este caso no nos ayudan, la verdad...
¿Se acuerdan del asno de Buridán? Al final ¿deberán morir de hambre en pro del igualitarismo y equidad de género? ¿Serán estos los nuevos héroes de la Carta de la Tierra? ¿Es esta la gran tarea revolucionaria prometida para el siglo XXI? Pero entonces... ¿a quién extraña ahora que cada día se divorcie más gente? A fin de cuentas el instinto de supervivencia aún sigue vivo... ¿O será que la ideología igualitarista es para as...?
Vuelvo al asunto inicial, que podría parecer que me fui por los cerros de Úbeda. Hay capacidades que si no me equivoco pueden llegar a desarrollarse más o menos. Así, la capacidad de donarse, de entregarse al otro. Eso implica hacer uno en ocasiones un esfuerzo mayor que el otro. Vamos, que imaginándonos la situación anterior, cualquiera de los dos, teniendo la capacidad referida y que atenta gravemente contra la ideología igualitarista, solucionaría el asunto en un periquete. Y esto me parece que tiene mucho que ver con discapacidades, aunque estas voluntarias. Entiendo que las referidas en la bitácora son involuntarias, sin embargo es en esto en lo que me ha hecho pensar la primera frase que he leído en esa bitácora que promete: "Hay muchas formas de ser discapacitado. La única peligrosa es la de no tener corazón".

5 comentarios:
Wow!! que post DasGretchen!!!
Primero que nada mil gracias por la referencia al blog de mi amiguita (ya le he avisado de tu post ji ji). La quiero mucho como una hermana y es de gran satisfacción para mí que alguien haga caso a mis post jejejeje
En segundo lugar me agradó mucho el enfoque que les das al tema.
Yo estoy a favor del trabajo en equipo, en que ambos cónyuges trabajen en el hogar y fuera de él, etc. Pero esa soy yo, por lo que coincido totalmente que nadie debe decirnos como llevar nuestro hogar. Creo que sí se puede orientar porque para todo debe aprenderse las cosas, hay que aprender a ser buenos esposos, hijos, etc. pero esto se logra superándose como persona no porque alguien nos diga qué hacer.
Por otro lado yo estoy convencida en que los seres humanos no somos iguales, tenemos derechos a las mismas oportunidades en trato, para el trabajo, estudio, etc. que es equidad, pero eso es diferente. Cada ser humano es distinto en su sexo biológico, en su manera de ser, pensar, etc. y todas esas diferencias son las que dan la gran riqueza de la especie humana. Por eso me parece hermoso lo que mencionas de la pareja. Uno u otro o ambos decidirán pararse, quizás uno se done en ese momento, quizás los dos, pero será su corazón quien lo dicte.
Hermoso post. Gracias por todo. Saludos cariñosos. Hilda
Soy de la opinion de que cada pareja debe libremente elegir sus normas de convivencia, según su voluntad y no con los principios que les marquen desde fuera o esten de moda
Yo me apunto a lo de los maridos y las pantuflas.
Gracias Mª Jesús por tu comentario.
Al, ¿y porqué no? ¡Un saludo!
Gracias por los comentarios! Un abrazo.
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