La he vuelto a fastidiar. No sé qué hice que me he vuelto a cargar los contenidos de la bitácora. Enfin. Debería dedicarme a otras cosas que no sean experimentos. Sobre todo cuando ando justa muy justa de tiempo. Repetí el error. A eso creo que se le llama tontería... Enfin.
Anoche volví a ver "El Gato al Agua" de Intereconomía por televisión pues las circunstancias me obligan a permanecer despierta hasta altas horas de la noche. Esa tertulia es, a nivel divulgativo, de lo mejor que conozco. La COPE me parece insufrible e irritante y desde luego que de los medios del grupo Polanco desconfío también merecidamente. Onda Cero es la opción que escojo por las mañanas (sólo por las mañanas) mientras plancho, llevo a los niños al cole... Aunque no acaba de convencerme. Pocas más opciones quedan. El régimen que sufrimos los españoles dificulta la libertad de prensa, expresión y hasta de pensamiento, diría yo. El caso es que anoche los invitados eran Juan Manuel de Prada y Javier Nart además de dos economistas. Uno de ellos el conocido Pedro Schwarz. En mi opinión la discusión habría sido interesante de no ser por la actitud de de Prada que a la hora de no hacerle en todo momento la rosca a la socialdemocracia, negaba la palabra a los dos economistas atreviéndose a juzgar sus intenciones. De Prada el bueno, los de enfrente los malos. Táctica muy expandida en nuestro país. Creo que de Prada sabe de economía y política menos de lo que cree. Me recordó a esas personas que tanto abundan en España que gustan confundir dogmas con cuestiones opinables y se sienten tan agraciadas por la gracia que despiden un halo iluminado que a quien no atrae como perrillos descarriados ahuyenta. Como soy persona de fe, soy infalible y mi voluntad equivale a la voluntad divina. Y para más inri, como soy un petit iluminé puedo opinar hasta de aquello de lo que no tengo ni idea. Y en esta actitud tan piadosa ¿dónde está Cristo?